El último día de mis 28… y sin morriña

Siempre creí que me casaría a los 28 años. Quedan escasas cuatro horas para que los 28 lleguen a su fin y puedo decir, con toda certeza, que eso del casorio está muy lejos de ocurrir. Agradezco no haberme casado a los 28 años. Si así lo hubiera hecho, no hubiera aprendido tanto sobre mí en el último año. Las personas solemos aprender de todo y de todos menos de nosotros mismos. Yo aprendí a escucharme a los 28 años, a escucharme y a aceptar lo que quiero y lo que no quiero ser. No es que no aprendiera de las personas o los lugares, pero la mejor enseñanza provino de mi interior. Creo que es lo mejor que pude haber hecho por todas las personas que quiero y me quieren, porque ahora puedo darles un poco más de mí. Hoy ya no pienso en el “algún día”, pienso en todas las posibilidades que diariamente cruzan por mi vida, en ese potencial escondido detrás de cada persona, en esa luz que me guía con certeza, en el amor que me rodea y en toda la paz que tengo, la cual es inquebrantable.

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