La protectora


Vida, así la defino yo, vida, de la pura y de la buena, de la que te carga de energía. Es pequeña todavía, sin la consciencia suficiente para darse cuenta de la responsabilidad que tiene en sus manos, pero es tan brillante que sólo tiene que estar para que toda una habitación se ilumine. Basta con mirar sus grandes ojos cafés o su sonrisa traviesa para darte cuenta que a su lado todo estará bien. Es dual. Tiene uno de esos efectos pacificadores que no se encuentran fácilmente, pero también puede revolucionar a toda una familia. Es dulce y testaruda y buena, sin contar que es bonita como pocas, y sus abrazos son salpicados de ternura. Yo la quiero porque sería imposible no hacerlo, la quiero porque no podría ser mejor de lo que naturalmente ya es. Hay seres que pertenecen al cielo desde el inicio, porque son demasiado puros para intoxicarse con la Tierra, eso lo saben bien Guille y Pacho, sus papás. Pero también hay ángeles que hacen falta en este lugar, porque nos recuerdan que hay más motivos para seguir que para rendirse y porque nos hacen sacar la fuerza necesaria para vivir con la cara de frente. Alexa pertenece a ese grupo, por eso se llama así, porque su nombre significa “la protectora”.

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