Postales VI: Edimburgo, Escocia


4 de julio. Si Sao Paulo y la Ciudad de México me asombran al llegar en avión, por sus infinitos mares de luces, la llegada a Escocia me maravilla. Todo es verde alrededor, verde de todos los tonos posibles. Hay muy pocas casas en todo el terreno pero hay muchos cuerpos de agua y árboles y plantas. El cielo es azul y limpio y las nubes parecen haber sido hechas a mano, redondas, regordetas, blancas, esponjosas. El clima es benevolente, fresco el viento pero un día soleado.


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4 de julio. Tras encontrar el hostal más barato de la ciudad, recorremos las calles de Edimburgo. La ciudad de unos 500 mil habitantes parece haber sobrevivido al paso del tiempo. La arquitectura medieval de las calles, las casas, los comercios, los edificios públicos y las escuelas están impregnados de leyendas, de mitos y de tradiciones. Incluso los pubs tienen una historia que contar, lo que ayuda a entender el arraigo del pueblo y su orgullo por lo propio, por lo que les pertenece y no por lo que les ha sido impuesto. Quieren ser independientes y lo merecen.


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4 de julio. Me viene de golpe Nacho a la cabeza. Quisiera que estuviera aquí y conociera este lugar. Le gustarían los pequeños detalles que conforman este conjunto, le gustaría saber de su historia, de sus símbolos, de su arquitectura, de su gente y de su comida. Me lo imagino pasando horas en el castillo o mirando las casas encontrando esas pequeñas cosas que pasan desapercibidas para la mayoría de la gente. Estaría feliz de estar aquí y yo también estaría feliz de verlo.

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4 de julio. Como cada noche, la misión es buscar sitios para beber. Entre la cerveza y el whiskey todos mis amigos están satisfechos. Por primera vez en el viaje, encuentro una bebida que me hace feliz, una botella de Pinot Noir de Nueva Zelanda, a sólo 18 libras. Me gusta Escocia.

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5 de julio. Kit, nuestra guía por tres horas, ejemplifica muy bien lo que es un escocés: ama la historia de su pueblo, cree que Escocia debería ser independiente de la Gran Bretaña, pero, al mismo tiempo, sabe burlarse de las debilidades de su sociedad y de sus individuos. Es alegre y amable, lo que contrasta con su físico grande y robusto, y su humor negro le destapa la risa a cada rato. “Somos bastante malos en deportes y en arte, pero hay dos cosas que sabemos hacer bien: comer y beber”, dice Kit y todos los mexicanos se sienten identificados.

Comentarios

  1. Diana considera que es importante compartir, compartir y compartir en la vida..... eso y ver la vida con colores. Atte: 0428.

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