Mi reencuentro con Gelman


Acosado por las fuerzas del dictador Videla, en la década de los setenta, Juan Gelman dejó Argentina, a donde no ha querido volver. Vive en México, pero yo lo conocí en Madrid, en 2008, días después de que recibió el Premio Cervantes. En aquel entonces, yo sabía muy poco del poeta pero, por oficio, tuve que asistir a una mesa sobre el análisis de su obra. La tertulia estaba encabezada por Juan Ramón de la Fuente, quien poco antes había dejado la rectoría de la UNAM, y, como yo era la única periodista mexicana, los organizadores se ofrecieron a presentármelo.
Fue en el evento donde me empapé de la vida del escritor, de su melancolía y su añoranza, de la impunidad en torno al asesinato de su hijo, de su frustración, del reencuentro con su nieta María Macarena, a quien conoció después de treinta años de búsqueda, de la patria, del hogar. Durante las dos horas que duró el encuentro, Gelman, quien no se despegó de su esposa, apenas pronunció palabra.
Al finalizar la charla, me acerqué con el ex rector para despedirme, momento que aprovechó para llamar a Gelman: "Juan, una compatriota". Él se acercó, con paso lento, y me extendió la mano.
- ¿Mexicana?
- Afortunadamente.
- México es el único lugar que he sentido más mío que cualquiera, el lugar en el que mis amigos se hicieron mi familia, un lugar en el que no me sentí exiliado.
- ¿Y Argentina?
- Elegí México para morir.
Después de su última línea, la cual tomé como el más grande de los elogios, alguien lo abordó y no me quedó sino despedirme de él. Luego guardé el episodio en mi memoria, donde lo olvidé.
Hoy, cuatro de los asesinos del hijo de Juan, Marcelo Ariel, quien fue secuestrado el 24 de agosto de 1976 y asesinado en octubre de ese año en el campo de torturas Automotores Orletti, fueron condenados por el crimen cometido como parte de la Operación Cóndor. Es el segundo gran fruto de la lucha que inició Gelman hace más de treinta años; el primero, fue haber hallado a su nieta y haberle dado su identidad. No pude evitar sonreír y pensar que, tal vez, hoy puede mirar a su país con otros ojos, con los que hoy yo no puedo mirar al mío. Su único gran pendiente es encontrar el cuerpo de María Claudia, su nuera, quien fue asesinada en Uruguay después de haber dado a luz. Ojalá que la próxima vez que vuelva a saber del poeta sea porque finalmente lo logró.

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