Meet the boys


Otto: El hombre de negocios
Parece un producto de la globalización: ecuatoriano de nacimiento, hijo de alemanes y de cepa libanesa, con negocios en Miami y estudios en Europa. Otto es un hombre de mundo y no tiene problemas en aceptarlo, algo muy honesto y difícil de encontrar en estos días. Sobrio para vestir, puntual en sus preguntas, de voz clara e ideas firmes, hoy, como presidente de la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión enfrenta una batalla en su país, en donde el Gobierno busca el control de los medios. Aunque esta es una lucha prioritaria la más importante es la que está por venir, pues pronto será papá.

Daraine: El adolescente
Canta al hablar. Es la primera muestra de su lugar de origen: Jamaica. En un debate, parece un adolescente intolerante, siempre en contra de todo el mundo. Se desenvuelve, en una discusión, con desplantes y voz alta, intentando, acaso, compensar la debilidad de sus argumentos. También parece un jovencito a la hora de entregarse a la gente: ingenuo, sincero, honesto, con un corazón blanco. Con 28 años, es vicepresidente de la Asociación de Libertad de Expresión de su país. Había dejado de estudiar, pero retomó la carrera cuando su hermano fue asesinado, ese día, cuando vio morir a su héroe, también comenzó a beber.

Raúl: El paisano
Nació en la capital mexicana, pero la mayor parte de su vida ha vivido en el norte del País. Hoy reside en Tamaulipas, uno de los estados más violentos. Melómano por gusto, oficio y beneficio. Escupe sinceridad y no le importa lo que el mundo piense, pero debajo de ese hombre grande de espalda ancha y detrás de sus golpeadas palabras se esconden los sentimientos más nobles, como los que profesa por su esposa y sus gemelos, los motivos de su vida y objeto de felicidad.

Ivan: El solitario
Originario de Surinam, Ivan perdió un ojo a los 11 años. Lleva un parche con el mayor orgullo posible, porque es parte de su excéntrico atuendo, porque ya aprendió a vivir con él. Antes de ser periodista, fue sastre, oficio al que llegó por falta de recursos. Enviudó muy joven pero, a sus 42 años, se ha vuelto a casar y acaba de ser padre por primera vez. Cubre notas rojas y es parte de un grupo que defiende la libertad de expresión, aunque él habla poco. Es ácido, con un humor negro que no le ofrece a cualquiera, y, si se deja descubrir, resulta un ser fascinante.

Pedro: Entre la dulzura y el miedo
Pedro, de Sao Paulo, Brasil, es un chico dulce, calmado, con una paciencia inquebrantable. Parece tímido, pero, en confianza, es divertido y de comentario atinado. Lo más bonito de él es que siempre se interesa en lo que otros tienen que decir, incluidos los muertos, porque es cristiano espiritista y espera, algún día, tener la madurez, la sensatez y la fortuna de poder escuchar lo que las almas tienen que enseñarle a los vivos. Es gentil y noble, también le teme a muchas cosas, aunque, algún día, superará todos los miedos que la vida le ha provocado, lo sé, porque me lo prometió y decidí creer en su palabra.

Francisco: Don Vito
Entre broma y no, los muchachos lo llaman Vito Corleone, pues refleja lo que este brasileño es: un grande entre los grandes. Aunque físicamente no representa 42 años de edad, se le notan en la experiencia y también en la humildad con la que recibe las cosas. Casados, con dos hijas a las que adora, parece el más dispuesto a aprender, aunque es él quien debería enseñarnos. Gruñón que cae ligero, quejique que, a regañadientes, siempre termina jalando con todo el grupo, Vito es un must, alguien a quien estás obligado a querer y admirar desde el principio.

José: El cuchillito de palo
Es el más pequeño de todos y también el más ansioso por comerse el mundo. Uruguayo en todas sus dimensiones, Pepito, como lo llamo, es el más sociable y el más adulador. Se burla de todo, incluso de sí mismo, ríe la mayor parte del tiempo y le gusta molestar tanto como hablar. Pepito gusta de ser el centro de atención, pero eso no le impide ser noble, leal y fiel a sus convicciones.

Terresa: Una chica (no) común
Terresa, de St. Kitts & Nevis, me causó curiosidad, de entrada, pero, antes de llegar a la salida, ya me había conquistado. Mujer ancha, de tez oscura, tiene una energía positiva que contagia, tiene fuerza, pero, sobre todo, tiene ganas. Me encanta verla observar maravillada los edificios y el tráfico de la ciudad, está realmente feliz de poder conocer avenidas de más de un carril. Tiene miedo de subirse al metro, porque cree que algo que viaja debajo de la tierra no debe ser confiable. Es ternura lo que me provocó al principio, y mucha admiración lo que me mueve ahora, porque no la ha tenido fácil, pero no se queja, agradece.

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