Cuento de un segundo

Hubo un tiempo en que la noche era eterna, las personas grises y el mundo no tenía color. No se conocía la risa, ni los placeres más sublimes emanados de los olores y de los sabores. Nadie sabía el rumbo en que caminaba, porque nadie era conciente de estar vivo. Aquella época no era triste, era, simplemente, indiferente, porque era imposible saber lo que era un sentimiento. La gente no lloraba ni tampoco podía amar. Se sobrevivía, pero incluso se desconocía el significado de ello. No había diferencias entre estar y ausentarse, todo o nada era en vano, trivial, frívolo, una especie de vodevil sin emociones. Entonces llegaste, el mundo se revirtió y se hizo eterno en tu mirada.

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